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日志


Esas manos...

 

Mis manos saben tocar, saben acariciar, saben encontrar “el punto exacto”, saben dar fuerza, saben acompañar, saben dar ánimos, quitar miedos y cuidar. Saben tomar la manita de un niño, bajar la oscura escalera con él y después, ser un héroe por ello.

 Mis manos saben temblar de emoción, de rabia contenida, de tristeza y... algunas veces de frío.

Mis manos saben ofrecerse cuando se las necesita, ¡y aplaudir! Y hacer ese sonidito continuo cuando algo ha consumido la paciencia.

  Mis manos saben tomar de la mano y hacer aviones de papel.

  Mis manos saben guiar y dejarse guiar, ellas saben plasmar mis ideas y también tranquilizar.

  Mis manos saben amoldarse y entrelazarse a otras  manos, ellas saben apretar, sostenerse y aferrarse a algo que desean con locura.

 

Mis manos saben bailar por tu piel, representando la más bella coreografía que nunca antes se haya hecho.

  Mis manos saben dibujar sobre tus labios ese boceto por el que pierdo el sentido y saben decirte adiós cuando aún no te has ido...

  Mis manos saben porqué bajo ellas hay un rostro triste y vacío.

  Pero también saben dejar ir, y sobre todo una cosa muy importante:....... Saben esperar.

 

(ADAPTADO POR QUIMERA)

 

Así de claro

Estoy muy harta. Harta de tener que ver pasar ante mis ojos un desfile casi continuo de personas que poco a poco se marchan. La vida es muy puta. Esta vida que nos ha tocado vivir. Y hoy no quería dejar de repetirlo, porque a veces siento el escozor frío de pensar que ese trozo de tiempo, que nos ha sido regalado, hemos de pagarlo con creces sin a veces incluso merecerlo. ¿Merecerlo? Tampoco se ha de ser tan presuntuoso, pero a cada paso que damos estamos avanzando un paso más o un paso menos. Es penoso pensar que en tan solo un día, un instante, un maldito segundo, todos tus sueños y proyectos se van a la mierda, sólo porque esa cruel a la que llamamos vida se aburre de seguir dándonos cuartelillo y le pide a su antagónica que venga a buscarnos. Así, sin más. Puedes ser una abuela adorable, un padre de familia, una millonaria o un vagabundo que nadie se queda en este mundo. Y lo que es más... todo lo que siembras, todo lo que codiciosamente acumulas, todo lo que posees... aquí se queda.

Todo excepto lo que te llevas puesto, como si llevaras una mochila de sentimientos a la espalda. Esas risas que te contagian y que no paran a pesar de los pinchazos que ya nacen en tu tripa, esas lágrimas que derramas de alegría cada vez que recibes a tu hermana después de un largo viaje, ese cosquilleo y golpe en el pecho cada vez que en el teléfono ves la llamada de esa persona que nunca piensas que te vaya a llamar, ese sitio que tanto deseabas ver y que por fin te ves pisando su tierra, ese regalo debajo de la almohada una noche sin motivo alguno, esa canción que nunca te cansas de escucharla porque te la dedicaron... es tu canción, esa sonrisa sin voz.

Por suerte la vida no son todo lágrimas.

Así que ¿sabes qué? No me voy a quedar parada lamentándome por tantas cosas que podía haber hecho, por las cosas que podía haberme callado, por los disgustos que podía haberle ahorrado a la gente que quiero. Viendo como está el tema, voy a seguir guardando esas cosas especiales en esa mochila que nos llevaremos como único equipaje. Y si se ha de repartir un poco de las alegrías que llevas ahí guardadas, pues se reparten... que esa es otra satisfacción que podrás guardar en ella.

  Ya está bien por hoy

 QUIMERA

  

Lσѕ иυєνє ∂ισѕєѕ

 

Shu y Tefenet fueron los primeros de los hijos de Ra-Atum. Se quisieron con un amor tan grande y profundo que, al cabo de poco tiempo, Tefenet dio a luz a unos gemelos. El primero en nacer fue Geb, el dios de la tierra, y el segundo Nut, diosa del cielo.
Geb amaba a su hermana apasionadamente, la bella Nut, y durante muchísimo tiempo permanecieron fuertemente abrazados. Como consecuencia de tal efusión el cielo se mantenía estrecho contra la tierra y entre ellos no quedaba espacio para que pudiera alguien vivir o crecer.
Al final, Ra-Atum cogió enormes celos del amor de Nut por Geb y con gran ira tomó la decisión de que nunca más pudieran estar juntos. Para ello ordenó al padre de ambos, Shu, que hiciera algo para separarlos definitivamente. Así se lo hizo saber y el poderoso dios pisó a Geb para que no pudiera elevarse. Luego levantó a Nut con las manos y la mantuvo de esta forma por encima de su hermano, de manera que quedaron separados definitivamente. A pesar de que Nut esperaba un hijo, Ra-Atum la maldijo por su actitud para que fuera incapaz de dar a luz ninguno de los días del año.

Al verse separados de una forma tan violenta, Geb luchaba sin descanso y con gran valentía bajo los pies de su padre, mientras que Nut intentaba abalanzarse hacia abajo para acercarse a él. Pero no había forma de que se pudieran alcanzar y con ello su tristeza y desesperación fue en aumento.
Mientras tanto, el Creador había ido dando vida a muchos otros seres, entre ellos a Thot, el más sabio de los dioses. Un día, Thot levantó los ojos y vio el bonito cuerpo de Nut encima del mundo, mientras se debatía por regresar hasta su amado, y la amó de una forma tan pura y tan profunda que se compadeció de ella.
Decidió prestar su ayuda a la infeliz diosa para que al menos pudiera dar a luz a sus hijos, e inmediatamente inventó el juego de las damas. Entonces, decidió desafiar a los demás dioses a que jugaran contra de él, siempre y cuando utilizaran el tiempo a modo de apuesta. Poco a poco el sabio dios consiguió ir ganando a sus contrincantes hasta obtener de ellos cinco días.
El Creador había fijado la duración del año en trescientos sesenta y cinco días, pero Thot le añadió el tiempo que había ganado y lo alargó en cinco días más. Este período no estaba sometido al curso de Ra-Atum, y de esta forma Nut pudo finalmente dar a luz a sus hijos.
El primer día dio a luz a un niño ya coronado, que fue llamado Osiris. El segundo día llegó Haroeris y el tercero, después de insufribles dolores, Seth. Los días cuarto y quinto llegaron al mundo las dos hijas, Isis y Neftis.
Osiris e Isis se habían enamorado en el interior del vientre de su madre y no tardaron en convertirse en marido y mujer.
Seth y Neftis también se casaron con el tiempo, pero nunca existió un verdadero amor entre ellos.
Las dos hijas de Nut eran totalmente diferentes de carácter. Isis era valiente, bella y astuta, la Señora de la Magia, más sabia que millones de hombres, mientras que Neftis era leal y dócil.
Los hermanos Osiris y Seth tenían, si cabe, todavía más diferencias. Osiris era hermoso, gallardo, noble y generoso, mientras que Seth tenía la cabeza de bestia salvaje y ello ya delataba su naturaleza, porque era ambicioso, maligno y cruel. Nunca pudo perdonar a Osiris que fuese su hermano mayor y, por tanto, el destinado a ocupar el trono.
Ra-Atum, con sus hijos Shu y Tefenet, sus nietos Geb y Nut, y sus biznietos Osiris e Isis, Seth  y Neftis, fueron adorados como los nueve grandes dioses bajo el nombre de Enéada.