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日志


мi lєy, lα fuєяzα y єl viєnтσ...

   
“¡Qué extraña es nuestra manera de castigar!
No purifica al criminal, no es una expiación;
  por el contrario, degrada más que el mismo crimen.”
Nietzsche
 
 
Tan famosos son los castigos de los piratas como crueles. Ahí donde se les pinta de pícaros sin ley y rechonchos borrachos risueños, en realidad eran temibles cuando de hacer justicia se trataba. Cuando se daba una situación de traición a la tripulación, a su capitán y a la ley de su barco, se tomaban medidas drásticas. 
 

La gama de los castigos era muy extensa, y dependía de la gravedad de los delitos: robos, riñas, embriaguez, negativa de obediencia, insultos, faltar el respeto a los oficiales...
Los delitos más leves se castigaban con un régimen de pan y agua o pasar un breve tiempo encadenado a unos grilletes.

Los delitos más graves eran sancionados con un castigo particularmente temido entre la marinería: el azote. El culpable, con el torso desnudo, era apoyado en un cañón o en el cabestrante y siempre en presencia de un oficial. Esta práctica se abolió en 1874.

Pero existían otros suplicios temibles: "la caída mojada", que consistía en izar al condenado a una verga ,sujetado a una cuerda, y ser soltado precipitadamente, siendo sumergido en el mar ;"la caída seca", es el mismo castigo, pero la cuerda era más corta y el hombre no llegaba a tocar el mar , quedando parado en seco en el aire, lo que ocasionaba fracturas muy graves, incluso mortales. Estos castigos se realizaban por horas, izando y soltando sucesivamente al reo y, generalmente, cuando se decidía tirar al mar al prisionero para ejecutarlo, éste ya estaba muerto.

El "maroon" fue otro de los duros castigos aplicados por los piratas. Consistía en dejar al condenado en un islote o isla desierta, apartada de las rutas de navegación, con un poco de agua, un arma de fuego, unas pocas balas y un poco de pólvora. Generalmente, el abandonado moría o de inanición o por herida de bala o ahogado al subir la marea, si se encontraba en un islote pequeño.

 

 
 

Pero sin duda el peor de los castigos era pasar a alguien por la quilla. Sobre la cubierta de la nave se ataba un cabo al prisionero por una de sus puntas. La otra punta del cabo era introducida en el agua y llevada al lado contrario por debajo del barco. Una vez esta punta estaba en cubierta, el prisionero era atado de nuevo con ella. Para evitar que el condenado tragara agua, se introducía una porción de grasa en su boca. Cuando se ordenaba la ejecución, el reo era elevado por los pies y dejado caer al mar por un lado, mientras un grupo de hombres tiraba del cabo por el lado contrario, arrastrando así al prisionero por debajo del casco del buque, hasta que volvía a ser izado por la banda contraria. La operación se repetía tres veces. Además de la enorme angustia que suponía la asfixiante carrera, el castigo se agravaba con el hecho de ser arrastrado sobre el casco del barco, completamente cubierto de moluscos y cabezas de clavo que cortaban el cuerpo del desgraciado.

 

No hay duda que ser pirata era toda una gran aventura… 
 

Pasado un año...

 

Música: Conchita

Intérprete: Conchita

Canción: ¿Y ahora qué?

 

¿Y ahora qué? todos se piensan que estoy bien,
y en verdad te echo de menos sin parar.
¿Y ahora qué? dime cómo se logra olvidar
algo que no tuvo lugar.
¿Y ahora qué?… ¿y ahora qué?...



Lo hemos hablado un millón de veces,
nos irá mucho mejor así.
Lo hemos hablado, tú por tu lado, yo por el mío.
Y aun sí, qué hago yo ahora con un millón de besos
que no me dio tiempo a darte aquella vez.
¿Y ahora qué?... ¿y ahora qué?…



Y dicen que todo lo que empieza acaba.
Acaba… y esto terminó sin comenzar.
Lo hemos hablado un millón de veces,
y aun así, qué hago yo ahora con un millón de besos.
No me dio tiempo aquella vez.
¿Y ahora qué?… no me dio tiempo aquella vez.
¿Y ahora qué?…. ¿Y ahora qué?…

 

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Y ya ha pasado un año desde que comencé esta pequeño lugar de penas,
alegrías, curiosidades…pero sobretodo, un lugar de desahogo en el que,
si no fuera por todos vosotros, no me habría animado a seguir escribiendo. 
¿Y ahora qué? Pues seguir hacia delante.
Esta canción de Conchita resume en unas pocas líneas lo que he estado viviendo este tiempo…
No hay que dar muchas explicaciones.
¡Un beso a todos!

  QUIMERA

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Nos da una vida dє vєntaja

 
 
El sirviente

 

"Un hombre rico mandó a su criado al mercado en busca de alimentos. Pero al poco de llegar allí, se cruzó con la muerte, que lo miró fijamente a los ojos.

El criado palideció del susto y salió corriendo dejando tras de sí las compras y la mula. Jadeando, llegó a casa de su amo. 

-¡Amo, amo! Por favor, necesito un caballo y algo de dinero para salir ahora mismo de la ciudad... Si salgo ya mismo quizás llegue a Tamur antes del anochecer... ¡Por favor, amo, por favor!

El señor le preguntó sobre el motivo de tan urgente petición y el criado le contó a trompicones su encuentro con la muerte.

El dueño de la casa pensó un instante y, acercándole una bolsa de monedas, le dijo:

-Está bien. Sea. Vete. Llévate el caballo negro, que es el más veloz que tengo.

-Gracias, amo -dijo el sirviente. Y, tras besarle las manos, corrió al establo, montó el caballo y partió velozmente hacia la ciudad de Tamur.

Cuando el sirviente se hubo perdido de vista, el acaudalado hombre caminó hacia el mercado buscando a la muerte.

-¿Por qué has asustado a mi sirviente? -le preguntó en cuanto la vio.

-¿Asustarlo yo? -preguntó la muerte.

-Sí -dijo el hombre rico-. Él me ha dicho que hoy se ha cruzado contigo y lo has mirado amenazadoramente.

-Yo no lo he mirado amenazadoramente -dijo la muerte-.

Lo he mirado sorprendida. No esperaba verlo aquí esta tarde, porque se supone que debo recogerlo en Tamur esta noche."

 

 


Jorge Bucay