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日志


Fotografiando, escribiendo... sintiendo.

 

"Me hundo en el horror, mi aliento es su perdición.

Presa de mi pasión, sucumbe a mi maldición."

 

Modelo Pickman,

Hija de la oscuridad (fragmento)

 

 

Por fin llegó.

Notó, como cada noche, el cálido escalofrío en la nuca. Esa sensación tan irritante, pero ahora ya tan familiar. Acarició con la anillada mano su cuello, mientras que en sus labios se dibujaba una mueca que gritaba en susurros el ansia por que llegara ese momento.

Sintió que no estaba sola. Desde hacía ya un tiempo, que ni tan siquiera ella recordaba, le era tan familiar ese aliento, esa presencia, ese palpitante latir, que nunca sabía exactamente qué palabra escribía, qué objeto miraba o qué foto hacía en ese momento que provocara que, sin aviso, lo sintiera una vez más. Nunca había realmente un motivo, ni nunca pasaba especialmente nada. Simplemente pasaba de sentirse completamente sola a tener a alguien que velaba por ella.

Esta vez estaba concentrada en una historia. Frente al blanco papel, ofuscada por la ausencia de la musa, sabía que unas líneas desenlazadas se habían empezado a hilar en su mente. Pero no sabía plasmarlas. La rabia de no ser capaz de escribirlas le estaba provocando un insoportable dolor de cabeza. Y cuando ya notaba cómo a los párpados les costaban volver a su posición de abiertos, fue cuando le sintió.

No se asustó. Al contrario. Tras acariciar la piel recientemente erizada, relajó todos sus músculos y, simplemente, se dejó llevar.

En el instante mismo en que cerró los ojos notó una sombra materializándose a su espalda. Sintió que se inclinaba, y que unos invisibles labios se entreabrían a no menos de un suspiro de su oído para comenzar a susurrarle los detalles de esa historia aún por escribir. Palabra por palabra, sus dedos bailaban al son de las ideas despistadas de su mente y de la mano de los inesperados detalles de esos labios susurrantes.

Sentía un cosquilleo en la mano, y se sorprendió al descubrir que no le estaba guiando en sus laberínticas ideas, sino que estaba escribiéndolo con ella. El cosquilleo pasó a ser un calor intenso y acogedor. Notaba firmeza en el escribir, pero con palabras dulces, escritas en el ya no tan vacío papel. Un aroma extraño que sentía más que nunca familiar.

El calor empezó a subirle por el brazo, notando que la sombra se cernía sobre ella. La estaba abrazando.

Sintiéndolo así, quiso asirse a él, corresponderle y decirle que nunca más se fuera para regresar la noche siguiente, que nunca más quería volver a sentirse sola, que él había escuchado sus lamentos pacientemente y que podría enseñarle sus entrañas sabiendo que jamás la juzgaría. Que no le soltara nunca la mano. 

Abriendo de golpe los ojos, dio la vuelta sobre la silla y se encontró de bruces con su propio rostro ante el espejo.

La noche oscura, solo iluminada por la lámpara de la mesa, hacía que su propia sombra la inquietara ante sus mismos ojos. No había nadie.

Sin embargo, lo que sus ojos no veían lo sentía su latir y, tomando su cámara, se encaró de nuevo al espejo, y sacó una fotografía.

 

 

Instantánea, by Quimera
 
Safe Creative #0909234577213
 
 
A mi Ángel de la Música.

Estados temporales.

 

(…) “Si me obligasen a tener una esperanza, sólo podría ser la del olvido absoluto. Pero entonces ¿no se trataría de una desesperanza? Semejante “esperanza” ¿no constituye acaso la negación de toda esperanza? No quiero saber ya nada, ni siquiera el hecho de no saber nada. ¿Por qué tantos problemas, tantas discusiones, tanta vehemencia? ¡Basta de filosofía y de pensamiento!”

 

E. M. Cioran.

En las cimas de la desesperación.

 
 
Aún tengo esos momentos, lo siento. Es algo inevitable. Días que se te junta todo y que, estando mi mente ofuscada, no hace sino sacar a relucir la basura que tiene escondida, en lugar de protegerse de estos momentos de capa caída. Es como si, indirectamente, tuviera la necesidad de aprovechar el momento y, ya que estamos en situación, poner todas las cartas sobre la mesa. Y cómo agota eso…
 
Y más cuando parece que lo que haces está mal, cuando encima lo que piensas es porque exageras las cosas, porque ya pasará todo… sí, claro que pasará, y volverá a surgir de nuevo, cuando amanezca otra mierda de día como el de hoy. Tampoco espero que se me entienda porque, cuando dicen entenderme, prefiero no pensar que se trate realmente de la penosa compasión, la mejor prueba de superficialidad.  

 

 
Da igual, sólo quería vomitar la punta del iceberg de todo lo que ahora mismo me ronda por la cabeza.