⊹⊱Quimera⊰⊹'s profile†. Qυιмєяα .†PhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    Fotografiando, escribiendo... sintiendo.

     

    "Me hundo en el horror, mi aliento es su perdición.

    Presa de mi pasión, sucumbe a mi maldición."

     

    Modelo Pickman,

    Hija de la oscuridad (fragmento)

     

     

    Por fin llegó.

    Notó, como cada noche, el cálido escalofrío en la nuca. Esa sensación tan irritante, pero ahora ya tan familiar. Acarició con la anillada mano su cuello, mientras que en sus labios se dibujaba una mueca que gritaba en susurros el ansia por que llegara ese momento.

    Sintió que no estaba sola. Desde hacía ya un tiempo, que ni tan siquiera ella recordaba, le era tan familiar ese aliento, esa presencia, ese palpitante latir, que nunca sabía exactamente qué palabra escribía, qué objeto miraba o qué foto hacía en ese momento que provocara que, sin aviso, lo sintiera una vez más. Nunca había realmente un motivo, ni nunca pasaba especialmente nada. Simplemente pasaba de sentirse completamente sola a tener a alguien que velaba por ella.

    Esta vez estaba concentrada en una historia. Frente al blanco papel, ofuscada por la ausencia de la musa, sabía que unas líneas desenlazadas se habían empezado a hilar en su mente. Pero no sabía plasmarlas. La rabia de no ser capaz de escribirlas le estaba provocando un insoportable dolor de cabeza. Y cuando ya notaba cómo a los párpados les costaban volver a su posición de abiertos, fue cuando le sintió.

    No se asustó. Al contrario. Tras acariciar la piel recientemente erizada, relajó todos sus músculos y, simplemente, se dejó llevar.

    En el instante mismo en que cerró los ojos notó una sombra materializándose a su espalda. Sintió que se inclinaba, y que unos invisibles labios se entreabrían a no menos de un suspiro de su oído para comenzar a susurrarle los detalles de esa historia aún por escribir. Palabra por palabra, sus dedos bailaban al son de las ideas despistadas de su mente y de la mano de los inesperados detalles de esos labios susurrantes.

    Sentía un cosquilleo en la mano, y se sorprendió al descubrir que no le estaba guiando en sus laberínticas ideas, sino que estaba escribiéndolo con ella. El cosquilleo pasó a ser un calor intenso y acogedor. Notaba firmeza en el escribir, pero con palabras dulces, escritas en el ya no tan vacío papel. Un aroma extraño que sentía más que nunca familiar.

    El calor empezó a subirle por el brazo, notando que la sombra se cernía sobre ella. La estaba abrazando.

    Sintiéndolo así, quiso asirse a él, corresponderle y decirle que nunca más se fuera para regresar la noche siguiente, que nunca más quería volver a sentirse sola, que él había escuchado sus lamentos pacientemente y que podría enseñarle sus entrañas sabiendo que jamás la juzgaría. Que no le soltara nunca la mano. 

    Abriendo de golpe los ojos, dio la vuelta sobre la silla y se encontró de bruces con su propio rostro ante el espejo.

    La noche oscura, solo iluminada por la lámpara de la mesa, hacía que su propia sombra la inquietara ante sus mismos ojos. No había nadie.

    Sin embargo, lo que sus ojos no veían lo sentía su latir y, tomando su cámara, se encaró de nuevo al espejo, y sacó una fotografía.

     

     

    Instantánea, by Quimera
     
    Safe Creative #0909234577213
     
     
    A mi Ángel de la Música.

    Estados temporales.

     

    (…) “Si me obligasen a tener una esperanza, sólo podría ser la del olvido absoluto. Pero entonces ¿no se trataría de una desesperanza? Semejante “esperanza” ¿no constituye acaso la negación de toda esperanza? No quiero saber ya nada, ni siquiera el hecho de no saber nada. ¿Por qué tantos problemas, tantas discusiones, tanta vehemencia? ¡Basta de filosofía y de pensamiento!”

     

    E. M. Cioran.

    En las cimas de la desesperación.

     
     
    Aún tengo esos momentos, lo siento. Es algo inevitable. Días que se te junta todo y que, estando mi mente ofuscada, no hace sino sacar a relucir la basura que tiene escondida, en lugar de protegerse de estos momentos de capa caída. Es como si, indirectamente, tuviera la necesidad de aprovechar el momento y, ya que estamos en situación, poner todas las cartas sobre la mesa. Y cómo agota eso…
     
    Y más cuando parece que lo que haces está mal, cuando encima lo que piensas es porque exageras las cosas, porque ya pasará todo… sí, claro que pasará, y volverá a surgir de nuevo, cuando amanezca otra mierda de día como el de hoy. Tampoco espero que se me entienda porque, cuando dicen entenderme, prefiero no pensar que se trate realmente de la penosa compasión, la mejor prueba de superficialidad.  

     

     
    Da igual, sólo quería vomitar la punta del iceberg de todo lo que ahora mismo me ronda por la cabeza.
     
     

    Otro adiós más...

    Es la tercera vez en mi inexperta vida en la que he de despedirme para siempre de alguien que aún no ha muerto.

     

    Es curioso ver, ahora ya por fin de lejos, lo distintas que han sido cada una de esas despedidas.

    La primera fue un sonoro portazo en plena cara. Inesperado y bastante patético (aunque cabe plantearse cuál fue la situación más patética, si quien recibió el portazo o quien lo dio en un alarde de “madurez” para consigo mismo).

    La segunda fue más meditada y, sin ponerlo en extremos inmerecidos, casi por mi propia salud. Todo muy correcto, no cabía esperar más, y con un irónico “quizás nos volvamos a ver”.

    Y la tercera, la más sorprendente. Sigilosa, silenciosa, a escondidas. De repente… “¡plof!”, y si te he visto no me acuerdo. Sorprendente digo porque no esperaba una retirada tan muda cuando, durante tanto tiempo, hubo muchísimo ruido. Simplemente sin explicaciones, como quizás habría hecho yo. Tus motivos tendrás, ya sea porque pienses que no he sido buena amiga o porque ya tienes suficiente material para tus cuentos y relatos. Y pensar que llegué a creerme todo lo que decías acerca de mí...

    En definitiva, como tú no has querido-podido-atrevido, me despido yo. 

     

    Vaya...

     

    Insultada, usada y manipulada.

    Tres personas, tres huellas.

     

    No muy alentadoras, por lo que no merece la pena alargar mucho más las despedidas cuando a la contra, después de todo, resulta tan fácil perderme de vista.

     

    Debería ir a que me lo vieran…

    El relativo mayor de mi menor...

     

    Vio cómo se alejaban por fin.

    No imaginaba que fuera tan fácil librarse de ellos.

    Aunque no contaba con que sería porque le distrajo una visión mucho más… curiosa.

     

    Y fue como si volvieran a tener quince años.

     

    Quimera
     

    Sin más...

     
     
    (...) como quieres que te olvide
    si tu nombre está en el aire
    y sopla entre mis recuerdos,
    si ya sé que no eres libre,
    si ya sé que yo no debo
    retenerte en mi memoria,
    así es como yo contemplo
    mi tormenta de tormento (...)
     
    Amaral, Te necesito.
      
    Rammstein me hace vibrar. No Doubt, saltar. Dark Sanctuary, llorar. Emilie Autumn, reflexionar. Y Amaral... es bueno para una tarde tonta de domingo, perdiendo el tiempo pensando en cosas perdidas en el tiempo.
     
    (...) quiero correr en libertad
    quiero llorar de felicidad,
    quiero encontrar mi sitio,
    sólo encontrar mi sitio. (...)
     
    Amaral, El Universo sobre mí.
     
    Vaya... otra vez.
    Bueno, así está mejor.
     
    [... punto y final.]
     

    "Cada vez que nace un niño, significa que aún queda Esperanza"

     

    En buenas manos,  by Quimera  
     
     
     Safe Creative #0905033179696
     
     
    ¡Enhorabuena chicos!
    Y por supuesto… ¡¡bienvenida, Macarena!!
     
     

    Una página en blanco

     
      
     

    Lluvia golpeando mis pasos

    ignorando al fin los ojos.

    Poesía barata vendida

    a quien dio su vida por un saldo.

     

    Aún tanto por perder

    más que lo robado y perdido.

    Mil pesadillas soñando con ese

    Odio amado, pero nunca conseguido.

     

    Espejos que escupen las promesas

    y reflejos que mienten a sus amigos.  

     

    Escritura automática, malditos

    esquivos pareados.

     

    Patéticos vampiros sorprendidos

    por el tiempo coagulado en sus temblorosas

    manos.

     

    Bendito Olvido

    abrió de nuevo estos ojos.

    Sonreír es sano,

    y desear coser los remiendos desgajados.

     

    Vuelta a empezar, empezando

    de nuevo.

    Ataviada siempre con pluma

    versos,

     y una página en blanco.

     Quimera.

     

    Safe Creative #0903192792046

     

    Se acabó.

     

     

    Despacio, poco a poco… y cómo duelen las cosas cuando no se hacen del tirón... sin pensar… sin más.

     

    Cómo duele descubrir ilusiones mentirosas disfrazadas de verdades ante tus ojos ciegos. Cómo duele ver lo comprensible que es tu situación para todo el mundo, y sin embargo, sentir que tan sólo es la pena y la condescendencia lo que les lleva a darte esas palabras. Cómo duele estar a la víspera del día en que vas a llevar a cabo la decisión más dolorosa de tu vida hasta ahora vivida. Cómo duele una cuenta atrás. Cómo duele mirarte en el espejo, intentar sacarte la lengua para animarte, como te aconsejó alguien una vez, y sentir que ya no sólo el mundo se ríe de ti, sino que ya hasta lo haces tú misma. Cómo duele saber que estás decepcionando a todos, y que eso te preocupe más antes que la injusticia que estás haciendo contigo misma. Cómo duele ver la puerta cerrada de una habitación que siempre viste, con tus ojos, luminosa y cálida. Cómo duele volver a ser invisible. Cómo duele poner todas las vivencias en una balanza, y descubrir que lo que pensabas que justificaba una situación era porque tú misma estabas empujando hacia abajo el mecanismo. Cómo duele sentir celos, y no tener derecho a tenerlos. Cómo duelen los pies después de correr tras el tren que ya partió. Cómo duele ver que te quedas atrás. Cómo duele saber que estabas avisada. Cómo duele ver que te cuesta volver más de un año atrás y comprender que vivías sin esta necesidad. Cómo duele obligarse a no tener esperanzas nunca más. Cómo duele que te culpen por haberlas tenido sin indicios. Cómo duele saber que no te has inventado motivos para tenerlas. Cómo duele recibir de la gente que de verdad te quiere palabras tan duras. Cómo duele saber que estás a horas de llevarle la contraria a todos aquellos que te aconsejaron no hacer una cosa y estás a punto de hacerla. Cómo duele echar un vistazo atrás. Cómo duele ver que amanece cada día, augurando otro día igual. Cómo duele estar escribiendo esto y saber que no llegará a ningún puerto. Cómo duele saber de antemano que no va a luchar por impedir que esto no pase. Cómo duele ver lo inútil que es abrirse en canal ante un muñeco de madera. Cómo duele confiar en alguien excepcionalmente, y saber que todo ha caído en saco roto, si hubo acaso un saco. Cómo duele que te den de comer cuando tienes sed. Cómo duele ver que todo empezó por la maldita cobardía. Cómo duele no querer arrepentirse de nada de lo hecho. Cómo duele saber que eres una más. Cómo duele saber que los recuerdos no se repetirán jamás. Cómo duele ser consciente de que verás a una persona por última vez.

    Cómo duele imaginar cosas bonitas. Cómo duele obligarse a no imaginarlas.

     

    Dios, cómo duele.

    Perdonadme. Si algún día realmente lo hacéis.

    Por no ser capaz estos días de ver las pequeñas cosas que, un día, me daban las sonrisas que ahora me reclamáis. Perdonadme porque lo pago con vosotros, los que no tenéis ninguna culpa, con mis silencios y borderías. Por favor, perdonadme, porque he sido tan estúpida, y cada día lo he sido más aún, por estar jodidamente ciega. Perdonadme si pensasteis que no hacía caso de vuestras palabras, porque ahora las he recapacitado todas de golpe, y el puñetazo de realidad aún me retumba. Perdonadme por dedicarle una entrada a este tema. Lo siento... pero mi impotencia ya no sólo me ahoga entre lloros, sino que no hago nada a derechas sin dejar de pensar ni un instante en esto, que ya se me va de las manos.

     

    Cómo duele releer todo lo escrito y saber que posiblemente nunca lo leerá el sueño que lo inspiró.

     

    No le culpo. La ignorancia es la felicidad. Ojalá algún día yo sea capaz de estar tan ausente de lo que me rodea. Me evitaría seguramente más de un disgusto.

    Aunque dudo que ese día llegue.

    Qué le voy a hacer... yo no soy así.  

    1-febrero-2009
    Amanece un nuevo día, nevado y frío.
    Igual que tu reacción ayer cuando puse mi alma sobre la mesa. 

    [...]

     
    Ahora mismo, no sabría decir cómo me siento [si aún lo siento]
     

    Aunque más culpa tengo yo por permitir todo esto [sin duda]
     
     
    Se me escapa el aliento entre suspiros y lamentos [si aún respiro...]

    Tempus fugit

     
    "Et si jαmαis mα pαuvre âme αmoureuse ne doit αvoir de bien en vérité, fαites αu moins qu'elle en αit en mensonge"
    (Anónimo)
     
     
     
    unca antes había funcionado.
    Nunca su monótono sonido había anunciado las horas.
    Nunca antes había prestado su atención en él… hasta ahora.
     

    Aquella tarde comenzó su perezoso golpeteo de agujas presagiando la pronta hora que estaba por llegar. Fijó sus ojos en aquel recargado reloj, y lo analizó por primera vez, como si nunca hubiera estado ahí. Dorado, con un jinete cabalgando sobre uno de los dos caballos que guiaba, presumía de un ostentoso valor. Oía como la aguja invisible contaba el paso de los segundos. La esfera dorada abrazaba codiciosamente las horas en un azul nocturno. Y entonces, despacio, muy lentamente, el minutero crujió, moviéndose casi imperceptiblemente, para pararse después, quedando inmóvil nuevamente.

     

    Sintió que la situación no dejaba de ser inquietante y, a juzgar por los saltos que su corazón daba al golpear contra el pecho, premonitoria. Se asustó ante la idea de estar viviendo una de esas historias, en las que un reloj no cuenta el avance del tiempo, sino una temible cuenta atrás. Casi estaba esperando que su teléfono sonara de pronto, avisándola de una terrible noticia sobre el fin de su vida. Sus manos empezaron a temblar cuando imaginó oír de repente la risa histérica de un payaso. Y cuanto los odiaba... Sin enmbargo, se obligó a sí misma a calmarse.

    Sentir un escalofrío no ayudó a mejorar la situación, pero fue su única compañía, dado el hecho de encontrarse enteramente sola.

     

    Sola.

    Como el jinete.

     

    Con el cadencioso tic-tac como fondo, sus ojos se centraron de nuevo en su imagen. Ataviado con una capa y una fusta, miraba en dirección opuesta al camino aún por cabalgar. Su capa ondeaba ante el viento contra el que luchaba tan peculiar conjunto. Los caballos, en pleno galope, luchaban por continuar el trabajoso camino, mientras el jinete vigilaba desconfiado su retaguardia.

    ¿Qué estaría persiguiendo? ¿Sería una cacería, quizá? ¿O un campo de batalla del que ha tomado la montura de un compañero caído?

    Tal vez… ¿era él el perseguido? Los caballos estaban tan excitados que sus ojos luchaban por mantenerse dentro de sus órbitas. Pero el jinete presentaba un rostro inexpresivo. Impasible, sin que se percibieran en sus rasgos hecho alguno que pudiera explicar dicha escena.

     

    De pronto, lo entendió.

    El tiempo.

     

    No sabía si huía o galopaba en pos de él, pero el tiempo era el motivo de todo.

    Parada y embelesada ante ese descubrimiento, observó con los ojos inmóviles cómo aquel jinete tenía su propia lucha con el enemigo, ausente e ignorando su presencia. Se sintió de pronto como si siempre hubiera estado ahí y sin embargo, que acabara de oír el sordo galopar aproximarse, que la obligara a girar sobre sí misma y buscar el origen del sonido… y buscarle a él. Pero seguía ausente, tan sólo ocupado y preocupado en localizar a su objetivo.

    De pronto, se sintió fuera de lugar, empujada lejos de esa carrera. Hubiera querido compartir su lucha, ocupar esa montura desocupada, y decirle que no había nada contra lo que luchar, que el tiempo no era un enemigo, que nos alcanza pero también es alcanzado. Que no tenía porqué seguir solo…

     

    Pero fue inútil, pues sus ojos tan sólo reflejaban… nada.

     

    Pestañeó, y a punto estuvo por perder el equilibrio. Le había parecido oír aquella carcajada tan temida, interrumpiendo la escena. Miró a su alrededor, pero todo seguía igual. Centró su atención al frente, y de nuevo sorprendió a su corazón desbocarse una vez más, al encontrarse con una imagen de lo más corriente.

     

    Un reloj mudo, con una pareja de caballos, uno de ellos montado por un bello y frío jinete.

     

    Qué tontería pensarlo siquiera. Ella no sabía montar a caballo.

     

     Quimera

    Custodio del rumbo, by Quimera
     
     
    Safe Creative #0811111507056
     
     Ya ni mis sueños me pertenecen...

    Ciega pero consciente, ahora sí.

     

     

    ¿De cuántas maneras podemos volvernos ciegos?
     
    Puede ser que ante algunas situaciones nos pongamos las manos sobre los ojos, haciendo honor a los monos sabios de Toshogu.
    Quizás porque nos han cegado de forma voluntaria, por nuestro propio bien o por su bien, siempre en medio de conflictos de intereses.
    Es posible que la ceguera sea genética, y nos guste ir saltando por baldosas amarillas hacia la segunda estrella a la derecha,
    hablando con Liebres de Marzo y Princesas sin nombre del Reino de Fantasía.
    Incluso después de un día absolutamente perfecto, los rayos de sol han quemado tus ojos, quedando en la más absoluta oscuridad, 
    pero aún latiendo en tus párpados aquella última imagen perfecta.
     
    El caso es que cuando los cuervos andan volando sobre tu cabeza, planeando cuándo es el momento adecuado,
    hay que poner a salvo tan preciados órganos.
    Y pienso que no hay nada mejor precisamente que aplicarse alguna de las causas anteriores.
     
    Porque en tu ignorancia, voluntaria u obligada, fantástica o extremadamente justificada, te ven feliz.
    Y ese estado, hoy en día, es difícil de alcanzar.
     
    Y cuánto les jode…
     
    Quimera

     

     

     

    White Widow II, by Empatia
     

    De vuelta...

     

    Si ha habido alguien que se haya extrañado porque mi espacio haya estado desactivado hace unos días ha sido simplemente porque me lo habían bloqueado. Bueno, resulta que he infringido el Código de Conducta. Eso quiere decir que he colgado imágenes que son consideradas ofensivas (¿?), tales como desnudos, o imágenes de menores que pueden ser utilizadas con fines poco… dejémoslo en ortodoxos.

     

    El caso es que esto merecía una entrada. Porque ello sólo ocurre cuando alguien al que no le caes bien te denuncia, para ver si con un poco de suerte te cierran la página y así, salir triunfante (ya que, cuántas imágenes ofensivas hay por ahí publicadas y nadie dice nada).

     

    Para los que no sepan nada del asunto, resulta que hace cosa de tres meses, alguien tomó una imagen que creé, inventé, perdí tiempo en montarla… como queráis llamarlo. Pero al fin y al cabo, mía. Hasta ahí, bien, eso lo hace todo el mundo. Pero lo que diferencia a la gente honrada de la gentuza sin humildad y, mucho menos, educación, es negarse a admitir la auténtica autoría, y no sólo eso… ¡adjudicársela! Vamos, lo que hoy en día se llama:

     

    Plagio, acción de plagiar.

    Plagiar.

    (Del lat. plagiāre).

    1. tr. Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.

    2. tr. Entre los antiguos romanos, comprar a un hombre libre sabiendo que lo era y retenerlo en servidumbre.

    3. tr. Entre los antiguos romanos, utilizar un siervo ajeno como si fuera propio.

    4. tr. Am. Secuestrar a alguien para obtener rescate por su libertad.

     

    Ni hablamos de romanos, ni de secuestrar a alguien… de hecho, a la descerebrada a la que me refiero se lo he puesto fácil. Tan sólo tiene que leer la primera acepción, así no se cansa de emplear ese magnífico cerebro que a veces, y sólo en ciertas personas, nos deleita con el resplandor de eso que llaman creatividad.

     

    El caso es que, bueno, he quitado la imagen que por lo visto resulta ofensiva, y de nuevo, mi espacio vuelve a funcionar de forma normal.

     

    Si ya lo dicen los sabios, los refranes, y todo aquel con dos dedos de frente: la envidia es muy mala. Y como sabiamente me dijo hace poco un amigo, benditos aquellos que nos copian, porque sólo cogerán lo peor de nosotros.

     

    Que todos los problemas sean estos.

    Quimera

     

     

    Metamorfosis

     

      

    Vulnerable, by Quimera
     
    Safe Creative #0809070965048

     

     
     
    ¿Y por qué no?
    Nadie notaría mucho la diferencia...
     
    Ni tan siquiera yo.

     
     
     
     
     
     

    Trata de... Madrid

     
     
    Pequeños regalos para los que nos quedamos cuidando de Madrid.
     
     De Madrid al Cielo, by Quimera
     
    Safe Creative #0808120892396
     
    No me extraña que los atardeceres sean la inspiración de los poetas, y el refugio de los cegados.
     
     
     

    Poesía rítmica a mi pesar

     
     

      El pulso inseguro sostiene la pluma grácil,

    carboncillo, acuarela o pincel,

    y marca temeroso los primeros trazos

    sobre el desnudo y caduco papel.

     

    Alzar la mirada un segundo,

    aún con la duda sobre cómo proceder,

    por dónde empezar, a quién destacar,

    y no vacilar cuando la vida se ha de tejer.

     

    Un cuaderno se nos da al empezar,

    y ninguna idea para el intrincado guión,

    tan sólo un puñado de tiempo,

    esperanza y nada de convicción.

     

    Momentos de inspiración y eones sin musas,

    estúpidas poesías sin rimas, o cargadas de ridículo son,

    al final cada uno escribe su vida

    a bolígrafo, sin falsilla y un ausente borrador.

     

     Quimera

     

     
    Safe Creative #0808030871153
     

    Hacía bastante que no daba rienda suelta a la vena "poética". Y la verdad, me ha quedado muy rítmica, algo que odio personalmente en mis poesías, pero la temática es algo que está muy en boga estos días en mi cabeza. Porque por mucho que se diga que la vida se escribe sola, sigo pensando que sin poetas no habría poesía (qué redundante…), y que finalmente, son nuestras manos las que dan las últimas puntadas de nuestro día a día.

     
    Bueno, es domingo, hace calor y estoy aburrida. Espero que estéis gastando vuestro tiempo en algo más práctico.
     
    À bientôt a tout le monde!
     

    Sí, hoy estoy bien.

     

     

    El cuerpo humano es maravilloso. Sabe cuando llegas al límite y necesitas sentirte de nuevo bien.

    Y de repente, te descubres sonriendo de nuevo. Sin un motivo concreto.

    . . . aparentemente.

     

    Viva, by Quimera
     
     Quimera

     

    Quitándome el reloj, escuchando No Doubt, subiendo la persiana, dejando pasar al sol.

    Y haciendo fotos...

     


    No sé porqué siempre estamos posponiéndolo todo,
    pero si tuviera que adivinarlo diría que tiene mucho que ver con el miedo; el miedo al fracaso, el miedo al dolor, el miedo al rechazo.


    A veces es miedo a tomar una decisión porque... ¿Y si te equivocas y cometes un error sin solución?
    Sea lo que sea lo que nos da miedo, una cosa es cierta: Cuando el dolor de no hacer algo es más insoportable que el miedo a hacerlo, es como si cargáramos con una pesada carga. Quien duda está perdido.
    No podemos fingir que no nos lo dijeron. Todos hemos oído los proverbios, a los filósofos, a nuestros abuelos advirtiéndonos sobre el tiempo perdido. Hemos oído a los poetas malditos instándonos a vivir el momento. Aunque, a veces, debemos escucharnos a nosotros mismos. Debemos cometer nuestros propios errores. Debemos aprender nuestras propias lecciones. Debemos dejar las posibilidades de hoy bajo la alfombra del mañana hasta que no podamos más, hasta que comprendamos por fin que es mejor saber que preguntarse, que despertar es mejor que dormir, y que fracasar y cometer un error enorme es mucho mejor que no haberlo intentado.

     

    Anatomía de Grey

     


    Perdonad... es que hoy toca reflexión (otra vez).

     

     

    Todo tiene un límite. La paciencia ya está pensando en tomarse las vacaciones que tanto tiempo llevo forzando en que no tenga. Soy así, qué le voy a hacer… No soy ajena a mis problemas, pero tampoco a los de los que aprecio (joder, sí, soy humana). Y la verdad, empieza a ser esto un sin vivir. Saturada, asqueada, como queráis llamarlo. Lo más frustrante de todo esto es que los momentos de lucidez llegan en la época más inoportuna. Pero nadie reprime las ganas de vomitar cuando éstas llegan, a no ser que te encuentres ante toda una congregación de gente que espera lo mejor de ti (aunque quizá sea en esos momentos en los que las náuseas se acrecientan).

     

    Me esfuerzo, os lo juro que lo hago, por buscarle el lado bueno a cada día, por poder devolver la sonrisa que mi madre busca al volver del hospital, porque yo no suponga otro problema más. Saber de gente que no quiere que se sepa de ella. Ser toda responsabilidad, y vivir a la vez. Y, por supuesto, la Señora Vida se empeña en que no levante cabeza dándome de vez en cuando collejas, empujones y hostias. Viéndolas venir algunas y otras dejándolas ir. Bueno, así escrito no suena a nada, pero la verdad es que vivir con eso en la pelota de continuo supone agotador.

     

    No sólo es agotador. Es decepcionante. La vida es una puñetera decepción continua. Una vez me dijeron que si no esperas nada de ella al final te llevas tan sólo buenas sorpresas. Pero no soy capaz de verlo así. Lo último que pierdo, aunque suene a tópico, es la esperanza. Y es verdad. Hasta en lo más evidente ahí está, palpitante. Asumo las cosas, pero me niego a rendirme sin al menos poder haber dicho que luché por ello.

     

    Al menos me queda el consuelo de que una idea ha aparecido nítida en mi cabeza: si sobrevivir a este mundo es casi imposible, creo que debería probar algo más fácil… empezar a vivir en el mío. Y me da igual a quien le guste o a quién no. Aunque dadas las circunstancias, poca gente se quejará por ello.

     

    ¿Qué os decía?… En fin.

     

    .

     

    Si hay algo de lo que estoy completamente segura es que no hay nada absolutamente claro.

     

     

      

    Al final esto ha terminado por perder todo el sentido.

     

     

    Viendo pasar al tiempo, a la gente, a la vida. 

     

     

     
    ¿Y por qué cuando por fín alguien se acuerda de preguntar si estoy bien me rompo en incontables pedazos?
     

    Cuatro años

     
      

     Pensándolo mejor, creo que marzo tan sólo debería tener una entrada. Todo lo demás, sobra.

     

     

    La Gran Madrid 

    despierta

    con lágrimas, con dudas

    sobre cómo un adiós estalla

    silencioso.

    Regreso a la mejor de las utopías,

    la noche.

    La comedia que cosechan los

    mercenarios.

    Para buscar una madre,

    elegir una estrella.

    Y al final siempre

    Silencio.

     

     Quimera

    Safe Creative #0808010867527