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    Capítulo 7

     

     

     
     
    Tres años de soledad, tres años en las mejores compañías,
    tres años de admiraciones, tres años de envidias.
    Unos llegaron para quedarse aquí, a mí lado.
    Otros tantos que vinieron para irse y no volver jamás.
    Otros venían de paso, y decidieron quedarse un rato más.
    A todos los que habéis hecho posible que esto se mantenga,
    por tercer año consecutivo
    y en la siempre exquisita compañía de Cortázar, con quien empezó todo.
    GRACIAS. 
     
    Quimera

    La despedida a un Poeta

     

    Hasta mañana

     

    Voy a cerrar los ojos en voz baja
    voy a meterme a tientas en el sueño.
    En este instante el odio no trabaja
    para la muerte que es su pobre dueño
    la voluntad suspende su latido
    y yo me siento lejos, tan pequeño

     

    que a Dios invoco, pero no le pido
    nada, con tal de compartir apenas
    este universo que hemos conseguido

     

    por las malas y a veces por las buenas.
    ¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
    que este mundo de muerte a manos llenas?

     

    Mi pesadilla es siempre el optimismo:
    me duermo débil, sueño que soy fuerte,
    pero el futuro aguarda. Es un abismo.

     

    No me lo digan cuando me despierte.

     

    Mario Benedetti

     

     

    14 de septiembre de 1920- 17 de mayo de 2009
     
     
     
     
    Por tantas veces leído, sentido, regalado y vivido...
    ... desde Corazón coraza, hasta un Te quiero...
    tan sólo un "hasta luego" para uno de los mayores genios de la poesía actual.
    Junto a su firma, por supuesto, el amor:
     

    (…) sé que voy a quererte sin preguntas
    sé que vas a quererme sin respuestas.

     

    Bienvenida, fragmento.

     

    "No tengo miedo"

     

      

    (...)- Realmente no lo entiendes, ¿verdad? –repuso-. No quiero tener todo lo que deseo. Nadie lo quiere, no de verdad. ¿Dónde estaría la gracia si tuviese todo lo que quiero? Es eso y nada más, ¿y después qué? (...)

    ... intentó dibujar la niebla. Pero tras diez minutos de esfuerzos sólo tenía la hoja en blanco con la palabra 

     

     

                              A

    N                                 L

    I                 B

    E

     

    Coraline  

    Neil Gaiman  

     

    Tiempo sin tiempo

     
     Preciso tiempo necesito ese tiempo
    que otros dejan abandonado
    porque les sobra o ya no saben
    que hacer con él
    tiempo
    en blanco
    en rojo
    en verde
    hasta en castaño oscuro
    no me importa el color
    cándido tiempo
    que yo no puedo abrir
    y cerrar
    como una puerta

    tiempo para mirar un árbol un farol
    para andar por el filo del descanso
    para pensar qué bien hoy es invierno
    para morir un poco
    y nacer enseguida
    y para darme cuenta
    y para darme cuerda
    preciso tiempo el necesario para
    chapotear unas horas en la vida
    y para investigar por qué estoy triste
    y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

    tiempo para esconderme
    en el canto de un gallo
    y para reaparecer
    en un relincho
    y para estar al día
    para estar a la noche
    tiempo sin recato y sin reloj

    vale decir preciso
    o sea necesito
    digamos me hace falta
    tiempo sin tiempo.
     
    Mario Benedetti
     
     Tiempo pétreo, by Quimera

     

    Safe Creative #0902072533212

     
    No pretendo recuperar mi tiempo que dejó de ser mío, pues es una quimera, 
    sino tener más picardía en cómo emplear el que me queda.
     

    Y dejar de creer que la vida es un cuento en el que todo puede ocurrir... incluso lo bueno.

    XII

    A TODOS, a vosotros,
    los silenciosos seres de la noche
    que tomaron mi mano en las tinieblas, a vosotros,
    lámparas
    de la luz inmortal, líneas de estrella,
    pan de las vidas, hermanos secretos,
    a todos, a vosotros,
    digo: no hay gracias,
    nada podrá llenar las copas
    de la pureza,
    nada puede
    contener todo el sol en las banderas
    de la primavera invencible,
    como vuestras calladas dignidades.
    Solamente
    pienso
    que he sido tal vez digno de tanta
    sencillez, de flor tan pura,
    que tal vez soy vosotros, eso mismo,
    esa miga de tierra, harina y canto,
    ese amasijo natural que sabe
    de dónde sale y dónde pertenece.
    No soy una campana de tan lejos,
    ni un cristal enterrado tan profundo
    que tú no puedas descifrar, soy sólo
    pueblo, puerta escondida, pan oscuro,
    y cuando me recibes, te recibes
    a ti mismo, a ese huésped
    tantas veces golpeado
    y tantas veces
    renacido.
     A todo, a todos,
    a cuantos no conozco, a cuantos nunca
    oyeron este nombre, a los que viven
    a lo largo de nuestros largos ríos,
    al pie de los volcanes, a la sombra
    sulfúrica del cobre, a pescadores y labriegos,
    a indios azules en la orilla
    de lagos centelleantes como vidrios,
    al zapatero que a esta hora interroga
    clavando el cuero con antiguas manos,
    a ti, al que sin saberlo me ha esperado,
    yo pertenezco y reconozco y canto.

     

    Pablo NERUDA

     

     

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    Sí, para todos vosotros.
    Porque nunca es tarde para agradeceros que forméis parte de mi vida.
    Hoy tenía ganas de decíroslo. 
     
    ::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣:::::♣::::♣::::♣::::

     

    Aηηiversαire


     

     

    Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas, no sabe para qué. (…)

     

    La foto salió movida (fragmento)

    Julio Cortázar

     

     

     
     
     
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    Todo empezó hace dos años con Cortázar.
    Espero que pasen muchos más con su insustituible compañía y,
    por su puesto, con la vuestra.
    Tantos momentos, tantas historias escritas y no publicadas,
    tantos desahogos y otros tantos días de paso...
     
    Gracias por estar ahí todo este tiempo.
     
    Rosa marchitaQuimera
     
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    Gracias Demian

     

    El amor no era un oscuro instinto animal,

    como en un principio lo había yo sentido;

    ni era tampoco una piadosa adoración espiritual (...).

    Era ambas cosas,

    ambas y muchas más:

    era ángel y demonio,

    hombre y mujer en uno,

    hombre y animal,

    sumo bien y profundo mal.

    Lo deseaba y lo temía;

    pero estaba siempre presente,

    siempre por encima de mí.

     

     

    Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí.

    ¿Por qué había de serme tan difícil?

         

     

    Demian

    Hermann Hesse

     

    Tαŋ sólo uŋ vαmpiro tє quєrrá pαrα siєmprє

     

    - El rubor de tus mejillas es adorable- murmuró.

    Liberó con suavidad la otra mano. Mis manos cayeron flácidas sobre mi vientre. Me acarició la mejilla con suavidad para luego sostener mi rostro entre sus manos de mármol.

    - Quédate muy quieta- susurró. ¡Cómo si no estuviera ya petrificada!

    Lentamente, sin apartar sus ojos de los míos, se inclinó hacia mí. Luego, de forma sorprendente pero suave, apoyó su mejilla contra la base de mi garganta. Apenas era capaz de moverme, incluso aunque hubiera querido. Oí el sonido de su acompasada respiración mientras contemplaba cómo el sol y la brisa jugaban con su pelo de color bronce, la parte más humana de Edward.

    Me estremecí cuando sus manos se deslizaron cuello abajo con deliberada lentitud. Le oí contener el aliento, pero las manos no se detuvieron y suavemente siguieron su descenso hasta llegar a mis hombros, y entonces se pararon.

    Dejó resbalar el rostro por un lado de mi cuello, con la nariz rozando mi clavícula. A continuación, reclinó la cara y apretó la cabeza tiernamente contra mi pecho…

    … escuchando los latidos de mi corazón.

    - Ah.

    Suspiró.

    No sé cuánto tiempo estuvimos sentados sin movernos. Pudieron ser horas. Al final, mi pulso se sosegó, pero Edward no se movió ni me dirigió la palabra mientras me sostuvo. Sabía que en cualquier momento él podría no contenerse y mi vida terminaría tan deprisa que ni siquiera me daría cuenta, aunque eso no me asustó. No podía pensar en nada, excepto en que él me tocaba.

    Luego, demasiado pronto, me liberó.

    Sus ojos estaban llenos de paz cuando dijo con satisfacción:

    - No volverá a ser tan arduo.

    - ¿Te ha resultado difícil?

    - No ha sido tan difícil como había supuesto. ¿Y a ti?

    - No, para mí no lo ha sido en absoluto.

    Sonrió ante mi entonación.

    - Sabes a qué me refiero.

    Le sonreí.

    - Toca- tomó mi mano y la situó sobre su mejilla- ¿Notas qué caliente está?

    Su piel habitualmente gélida estaba casi caliente, pero apenas lo noté, ya que estaba tocando su rostro, algo con lo que llevaba soñando desde el primer día que le vi.

    Crepúsculo, fragmento

    Stephenie Meyer

    Eη vista de las ηuevas horas del ηuevo año

     

     
     
     

     Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

     

    Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

     

     

     

    Instrucciones para dar cuerda al reloj 

     

    Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos
    dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles
    despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de
    sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume
    del pan.
    ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo
    anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va
    corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo
    está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

     

    Manual de instrucciones

    Julio Cortázar

    Qué mejor manera de empezar el año que leyendo las palabras de Cortázar…Rosa marchita 

    Sigue al Coηejo Blaηco...

     

    -Por cierto, se fue por... allí.
    -¿Quién se fue por allí?
    -El conejo blanco.
    -¿¡De veras!?
    -¿De veras qué?
    -Que se fue por allí.
    -¿Quién se fue por allí?
    -¡¡El conejo blanco!!
    -¿¿Qué conejo blanco??

     

    Lewis Carroll

     

     ::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣:::::♣::::♣::::♣:::: 
     

    No hay nada más loco que el límite de la incoherencia.

    Para mi querida hermana, que sabe hacer del sueño de Alicia su propia fantasía.

    ¡¡Gracias por dármela a conocer, Pete!!

    Rosa marchitaQUIMERA

    ::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣::::♣:::::♣::::♣::::♣::::

     

    Báilame el agua...

     

    Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto. Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor. Sácame de quicio. Llévame a pasear atado de una correa que apriete demasiado. Hazme sufrir. Aviva las ascuas. Pónme a secar como un trapo mojado. No desates las cuerdas hasta que ya sea tarde, demasiado tarde. Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea ni tuya ni mía, que sea de todos. Líbrame del estigma. Llámame tonto. Sacrifica tu aureola. Perdóname. Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora. No me arrastres. No me asustes. Vete lejos. Pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo. Sangra mi labio con sanguijuelas de colores. Fuma un cigarro por mí. Traga el humo. Arréglalo y que no vuelva a estropearse. No lo toques. Échalo fuera. Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora. Sueña retorcido. Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos. Dame la llave de tus oídos. Toca mis ojos abiertos. Nota la textura del calor. Hasta reventar. Sé yo mismo y no te arrepentirás. ¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos. Yo te enviaré a los míos. Píllate los dedos. Los lameré hasta que no sepan a miel, hasta que dejen de ser miel. Sal, niégalo todo y después vuelve. Te invito a un café. Caliente, claro. Y sin azúcar. Sin aliento.

       

    Báilame el agua. Daniel Valdés

     
     
     
     

    A veces, sólo a veces, en esta vida no todo son lágrimas...y otras veces llegan días de estar completamente embobada.

    Muy propio para nuestra conversación de hoy.

     

    Cαntαres

     

     

    Todo pasa y todo queda,
    pero lo nuestro es pasar,
    pasar haciendo caminos,
    caminos sobre el mar.

    Nunca perseguí la gloria,
    ni dejar en la memoria
    de los hombres mi canción;
    yo amo los mundos sutiles,
    ingrávidos y gentiles,
    como pompas de jabón.

    Me gusta verlos pintarse
    de sol y grana, volar
    bajo el cielo azul, temblar
    súbitamente y quebrarse...

    Nunca perseguí la gloria.

    Caminante, son tus huellas
    el camino y nada más;
    caminante, no hay camino,
    se hace camino al andar.

    Al andar se hace camino
    y al volver la vista atrás
    se ve la senda que nunca
    se ha de volver a pisar.

     

    Caminante no hay camino
    sino estelas en la mar...

    Hace algún tiempo en ese lugar
    donde hoy los bosques se visten de espinos
    se oyó la voz de un poeta gritar
    "Caminante no hay camino,
    se hace camino al andar..."

    Golpe a golpe, verso a verso...

    Murió el poeta lejos del hogar.
    Le cubre el polvo de un país vecino.
    Al alejarse le vieron llorar.
    "Caminante no hay camino,
    se hace camino al andar..."

    Golpe a golpe, verso a verso...

    Cuando el jilguero no puede cantar.
    Cuando el poeta es un peregrino,
    cuando de nada nos sirve rezar.
    "Caminante no hay camino,
    se hace camino al andar..."

    Golpe a golpe, verso a verso.

     

    Antonio Machado 

      

    Nos da una vida dє vєntaja

     
     
    El sirviente

     

    "Un hombre rico mandó a su criado al mercado en busca de alimentos. Pero al poco de llegar allí, se cruzó con la muerte, que lo miró fijamente a los ojos.

    El criado palideció del susto y salió corriendo dejando tras de sí las compras y la mula. Jadeando, llegó a casa de su amo. 

    -¡Amo, amo! Por favor, necesito un caballo y algo de dinero para salir ahora mismo de la ciudad... Si salgo ya mismo quizás llegue a Tamur antes del anochecer... ¡Por favor, amo, por favor!

    El señor le preguntó sobre el motivo de tan urgente petición y el criado le contó a trompicones su encuentro con la muerte.

    El dueño de la casa pensó un instante y, acercándole una bolsa de monedas, le dijo:

    -Está bien. Sea. Vete. Llévate el caballo negro, que es el más veloz que tengo.

    -Gracias, amo -dijo el sirviente. Y, tras besarle las manos, corrió al establo, montó el caballo y partió velozmente hacia la ciudad de Tamur.

    Cuando el sirviente se hubo perdido de vista, el acaudalado hombre caminó hacia el mercado buscando a la muerte.

    -¿Por qué has asustado a mi sirviente? -le preguntó en cuanto la vio.

    -¿Asustarlo yo? -preguntó la muerte.

    -Sí -dijo el hombre rico-. Él me ha dicho que hoy se ha cruzado contigo y lo has mirado amenazadoramente.

    -Yo no lo he mirado amenazadoramente -dijo la muerte-.

    Lo he mirado sorprendida. No esperaba verlo aquí esta tarde, porque se supone que debo recogerlo en Tamur esta noche."

     

     


    Jorge Bucay

     

    qυιєяσ...

     

     
    Quiero que me oigas sin juzgarme.
    Quiero que opines sin aconsejarme.
    Quiero que confíes en mí sin exigirme.
    Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí.
    Quiero que me cuides sin anularme.
    Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí.
    Quiero que me abraces sin asfixiarme.
    Quiero que me animes sin empujarme.
    Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí.
    Quiero que me protejas sin mentiras.
    Quiero que te acerques sin invadirme.
    Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgustan.
    Quiero que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
    Quiero que sepas que hoy puedes contar conmigo sin condiciones.
     
     
    Jorge Bucay

    Eℓ cuєяvσ

    Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
    mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
    inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
    cabeceando, casi dormido,
    oyóse de súbito un leve golpe,
    como si suavemente tocaran,
    tocaran a la puerta de mi cuarto.
    "Es -dije musitando- un visitante
    tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
    Eso es todo, y nada más." ¡Ahl aquel lúcido recuerdo
    de un gélido diciembre;
    espectros de brasas moribundas
    reflejadas en el suelo;
    angustia del deseo del nuevo día;
    en vano encareciendo a mis libros
    dieran tregua a mi dolor.
    Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
    virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
    Aquí ya sin nombre, para siempre. Y el crujir triste, vago, escalofriante
    de la seda de las cortinas rojas
    llenábame de fantásticos terrores
    jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
    acallando el latido de mi corazón,
    vuelvo a repetir:
    "Es un visitante a la puerta de mi cuarto
    queriendo entrar. Algún visitante
    que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
    Eso es todo, y nada más." Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
    y ya sin titubeos:
    "Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
    mas el caso es que, adormilado
    cuando vinisteis a tocar quedamente,
    tan quedo vinisteis a llamar,
    a llamar a la puerta de mi cuarto,
    que apenas pude creer que os oía."
    Y entonces abrí de par en par la puerta:
    Oscuridad, y nada más. Escrutando hondo en aquella negrura
    permanecí largo rato, atónito, temeroso,
    dudando, soñando sueños que ningún mortal
    se haya atrevido jamás a soñar.
    Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
    y la única palabra ahí proferida
    era el balbuceo de un nombre: "¿Leonora?"
    Lo pronuncié en un susurro, y el eco
    lo devolvió en un murmullo: "¡Leonora!"
    Apenas esto fue, y nada más. Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
    toda mi alma abrasándose dentro de mí,
    no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
    "Ciertamente -me dije-, ciertamente
    algo sucede en la reja de mi ventana.
    Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
    y así penetrar pueda en el misterio.
    Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
    y así penetrar pueda en el misterio."
    ¡Es el viento, y nada más! De un golpe abrí la puerta,
    y con suave batir de alas, entró
    un majestuoso cuervo
    de los santos días idos.
    Sin asomos de reverencia,
    ni un instante quedo;
    y con aires de gran señor o de gran dama
    fue a posarse en el busto de Palas,
    sobre el dintel de mi puerta.
    Posado, inmóvil, y nada más. Entonces, este pájaro de ébano
    cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
    con el grave y severo decoro
    del aspecto de que se revestía.
    "Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-.
    no serás un cobarde.
    hórrido cuervo vetusto y amenazador.
    Evadido de la ribera nocturna.
    ¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!"
    Y el Cuervo dijo: "Nunca más." Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
    pudiera hablar tan claramente;
    aunque poco significaba su respuesta.
    Poco pertinente era. Pues no podemos
    sino concordar en que ningún ser humano
    ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
    posado sobre el dintel de su puerta,
    pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
    de Palas en el dintel de su puerta
    con semejante nombre: "Nunca más." Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
    las palabras pronunció, como vertiendo
    su alma sólo en esas palabras.
    Nada más dijo entonces;
    no movió ni una pluma.
    Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
    "Otros amigos se han ido antes;
    mañana él también me dejará,
    como me abandonaron mis esperanzas."
    Y entonces dijo el pájaro: "Nunca más." Sobrecogido al romper el silencio
    tan idóneas palabras,
    "sin duda -pensé-, sin duda lo que dice
    es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
    de un amo infortunado a quien desastre impío
    persiguió, acosó sin dar tregua
    hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
    hasta que las endechas de su esperanza
    llevaron sólo esa carga melancólica
    de "Nunca, nunca más." Mas el Cuervo arrancó todavía
    de mis tristes fantasías una sonrisa;
    acerqué un mullido asiento
    frente al pájaro, el busto y la puerta;
    y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
    empecé a enlazar una fantasía con otra,
    pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
    lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
    flaco y ominoso pájaro de antaño
    quería decir graznando: "Nunca más," En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
    frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
    quemaban hasta el fondo de mi pecho.
    Esto y más, sentado, adivinaba,
    con la cabeza reclinada
    en el aterciopelado forro del cojín
    acariciado por la luz de la lámpara;
    en el forro de terciopelo violeta
    acariciado por la luz de la lámpara
    ¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más! Entonces me pareció que el aire
    se tornaba más denso, perfumado
    por invisible incensario mecido por serafines
    cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
    "¡Miserable -dije-, tu Dios te ha concedido,
    por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
    tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
    ¡Apura, oh, apura este dulce nepente
    y olvida a tu ausente Leonora!"
    Y el Cuervo dijo: "Nunca más." "¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica!
    ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
    enviado por el Tentador, o arrojado
    por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
    a esta desértica tierra encantada,
    a este hogar hechizado por el horror!
    Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
    ¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
    ¡Dime, dime, te imploro!"
    Y el cuervo dijo: "Nunca más." "¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica!
    ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
    ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
    ese Dios que adoramos tú y yo,
    dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
    tendrá en sus brazos a una santa doncella
    llamada por los ángeles Leonora,
    tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
    llamada por los ángeles Leonora!"
    Y el cuervo dijo: "Nunca más." "¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
    pájaro o espíritu maligno! -le grité presuntuoso.
    ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
    No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
    que profirió tu espíritu!
    Deja mi soledad intacta.
    Abandona el busto del dintel de mi puerta.
    Aparta tu pico de mi corazón
    y tu figura del dintel de mi puerta.
    Y el Cuervo dijo: Nunca más." Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
    Aún sigue posado, aún sigue posado
    en el pálido busto de Palas.
    en el dintel de la puerta de mi cuarto.
    Y sus ojos tienen la apariencia
    de los de un demonio que está soñando.
    Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
    tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
    del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
    no podrá liberarse. ¡Nunca más!
     

     

     

    Edgar Allan Poe

    (Boston, 1809 - Baltimore, 1849)

    Prólogo...Los renglones torcidos de Dios

     

    ...Lâ vęrdądęrâ locurâ quizás ηŎ sęâ otrâ quę lâ sąbiduríâ ismą quę, câηsądâ dę dęscubrir lâs vęrgüęηzâs dęl uηdŎ, hą oâdo lą iη†ęligęηtę ręsŎlucióη dę volvęrsę locâ...

     

    Gélida luz...

     
    La luz de los candelabros iluminaba un inmenso salón en el interior del alcázar nebuloso. El baile de máscaras que allí se celebraba llamaba fervientemente a Favole, quien comenzó a recordar cada sonido, cada acorde de los clavicordios y cada una de las melodías que herían en sus violines los músicos de la corte fantasmagórica.
     
    La música era ensordecedora y llenaba cada rincón del castillo. Las máscaras revoloteaban ocultando el rostro de los presentes, y cientos de parejas de bailarines danzaban un vals mortuorio flotando por doquier.
     
    El espectáculo embelesó por completo al espectro recién llegado y sintió cómo la música inundaba su ser, la atronadora música del réquiem adormecía sus sentidos y pronto oyó las estruendosas carcajadas de todos los asistentes al baile ante el decaimiento de Favole.
     
    Favole, Gélida luz
    Victoria  Francés

     

    El Ángel de la Música...dedicado a mi mana

     
      
     
    ...-Sí, ella me esperaba- continuó Erik, que se puso a temblar como una hoja, pero a temblar con una verdadera emoción solemne-..., me esperaba muy erguida, viva, como una verdadera novia viviente, por su salvación eterna...Y cuando avancé, más tímido que un niño pequeño, no escapó...,no, no...,se quedó..., me esperó..., creo, incluso, daroga, que un poco..., oh, no mucho...,pero que un poco, como una novia viva..., que adelantó la frente un poco...Y...,y..., yo la...besé... ¡Yo..., yo...,yo!...¡Y ella no murió!...Permaneció de forma completamente natural a mi lado, después de besarla así..., en la frente...¡Ay, daroga, qué bueno es besar a alguien!...Tú no lo puedes saber..., pero yo..., yo...Mi madre, daroga, mi pobre miserable madre nunca quiso que yo la besara...Ella escapaba...arrojándome mi máscara..., ninguna otra mujer..., nunca..., nunca... ¡Ay, ay, ay!...Ante una felicidad como aquélla, lloré... Y caí llorando a sus pies..., y le besé los pies, sus piececitos, llorando... También tú lloras, daroga, y también ella lloraba..., el ángel lloró...

     

    ...-... ¡Oh, daroga, sentí correr sus lágrimas sobre mi frente por mí! ¡Por mí! Eran cálidas..., y dulces, sus lágrimas corrían por todas partes debajo de mi máscara, se mezclaban con mis propias lágrimas en mis ojos..., corrían hasta mi boca... ¡Ay, sus lágrimas por mí! Escucha, daroga, escucha lo que hice... Me quité la máscara para no perder una sola de sus lágrimas... ¡Y ella no huyó!... ¡Ni murió!... Siguió viva, llorando..., sobre mí..., conmigo... ¡Lloramos juntos!... ¡Señor del cielo, me habéis dado toda la felicidad del mundo!...

      

     

    El Fantasma de la Ópera, fragmento

    Gaston Leroux

    Fragmento

    Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
    llevan al caminante a perecer:
    yo me siento arrastrado por tus ojos,
    pero adónde me arrastran no lo sé.

     

     

    Fragmento de Rimas
    de G. A. Bécquer